I. ANTECEDENTES

En el Perú, lo concerniente a la administración o gestión municipal, siempre estuvo normado en el texto constitucional. Por ejemplo, la Constitución Política de 1920[1], en su artículo 141° trataba de las municipalidades, las cuales existían en los lugares que designaba la ley, la misma que determinaba las funciones, responsabilidades, calidad de sus miembros y el modo de elegirlos.

La Constitución de 1933[2] en el artículo 203° estipulaba que había Concejos Municipales en las Capitales de Provincia y de Distrito, según lo establecían los extintos Concejos Departamentales. En el artículo 206° ya se hablaba de la autonomía administrativa y económica de los Concejos Provinciales, pero siempre sujetadas a la ley.

La Carta de 1979[3], en su artículo 252° estableció que las Municipalidades fueran los órganos de gobierno local, con autonomía económica y administrativa en los asuntos de su competencia. En el artículo 258° se dispuso que la Capital de la República tuviera un régimen especial en la Ley Orgánica de Municipalidades.

La actual Constitución[4], en su artículo 194° prescribe que las municipalidades provinciales y distritales son los órganos de gobierno local, con autonomía política, económica y administrativa en los asuntos de su competencia y que su estructura orgánica como gobierno local está conformada por el Concejo Municipal como órgano normativo y fiscalizador y la Alcaldía como órgano ejecutivo, con las funciones y atribuciones que les señale la ley.

Sobre la usual denominación de gobiernos locales a las Municipalidades, Castro-Pozo[5] nos dice hay un error cuando se denomina “gobiernos locales” a las municipalidades. Sostiene que la doctrina y la legislación comparada son firmes respecto a que el municipio está definido por tres elementos: territorio, población y organización de gobierno que se denomina históricamente “municipalidad”.  Menciona que en Bolivia, la ley municipal conceptualiza acertadamente el municipio y la municipalidad porque la Ley de Municipalidades  define al municipio como “la unidad territorial, política y administrativamente organizada” que es la base del ordenamiento territorial del Estado, y a la municipalidad como la “entidad autónoma de derecho público” que representa al municipio.

Aclara que el concepto de gobierno local no es igual al territorio distrital o provincial (municipio) ni tampoco a la entidad pública que personifica a su gobierno (municipalidad), porque el concepto de gobierno local es uno que pone de manifiesto un estadio del autogobierno ciudadano y releva una forma de gobierno con la sociedad civil local.

Sobre el uso de las leyes orgánicas para determinar las competencias de una entidad, el artículo 106° de la vigente Constitución, cuyo antecedente es el artículo 194° de la Constitución de 1979, estipula que la estructura y funcionamiento de las entidades del Estado se regulan por leyes orgánicas. En ese sentido, durante la vigencia del Estado de Derecho, la gestión municipal siempre se reguló por leyes orgánicas. Como lo hemos señalado[6], nuestro ordenamiento jurídico utilizó tres leyes para sistematizar la gestión municipal, las cuales fueron las siguientes:

  • El Decreto Legislativo N° 051 del 16 de marzo de 1981, que derogó la Ley de fecha 09 de octubre de 1892;
  • La Ley N° 23853 del 08 de junio de 1984, que derogó el Decreto Legislativo N° 051; y
  • La Ley N° 27972 del 26 de mayo de 2003, que derogó la Ley N° 23853.

II. MARCO LEGAL

La actual norma que regula a las Municipalidades es la Ley N° 27972[7], Ley Orgánica de Municipalidades, en cuyo Titulo Preliminar las define como las entidades básicas de la organización territorial del Estado y como canales inmediatos de participación vecinal en los asuntos públicos. También precisa que las municipalidades provinciales y distritales son los promotores del desarrollo local, con personería jurídica de derecho público.

La ley inserta el precepto Constitucional respecto a que los Gobiernos Locales gozan de autonomía política, económica y administrativa en los asuntos de su competencia. Esa autonomía está referida a la facultad de ejercer actos de gobierno, administrativos y de administración, todo ello con sujeción al ordenamiento jurídico, de lo contrario esos actos devendrían en nulos.

Sobre el origen, el dispositivo consigna que las municipalidades se originan en la respectivas demarcación territorial que es aprobada por el Congreso de la República a propuesta del Poder Ejecutivo y, sobre su finalidad, la ley expresa que los gobiernos locales representan al vecindario y que promueven la adecuada prestación de los servicios públicos locales y el desarrollo integral, sostenible y armónico de su circunscripción.

Como no podía ser de otro modo, se estima que la promulgación de la Ley Nº 27972, Ley Orgánica de Municipalidades, mejoró la legislación municipal al disponer adecuadamente su organización, las atribuciones del Concejo, de los Regidores y del Alcalde, el tipo de Administración Municipal, el Régimen Económico,  las competencias y funciones específicas, los Planes de Desarrollo Concertado, la participación vecinal, la constitución y las limitaciones de las Municipalidades de Centro Poblado y Fronterizas, así como el régimen especial de la Municipalidad Metropolitana de Lima.

En cuanto a la administración municipal, la ley asignó esa responsabilidad en la Gerencia Municipal, quien viene a ser un funcionario de confianza, a tiempo completo y dedicación exclusiva. La designación de ese alto funcionario corresponde al Alcalde, quien puede cesarlo sin expresión de causa. El Concejo Municipal también puede cesarlo, pero sólo cuando exista un acto doloso o falta grave.

La derogada Ley Orgánica de Municipalidades Nº 23853, en su artículo 49º disponía que la dirección administrativa y la de los diversos servicios estuvieran a cargo de un Director Municipal y de los Directores respectivos, cuyas facultades y funciones se establecían en el Reglamento Interno. En el  artículo 50° se decía que el Director Municipal y los Directores eran funcionarios de confianza y que eran nombrados y removidos por el Alcalde o por acuerdo del Concejo Municipal.

Otro aspecto importante que regula la nueva Ley Orgánica es lo referente a la estructura orgánica municipal básica que debe estar de acuerdo a la disponibilidad económica y que comprende a determinados órganos de vital importancia para una adecuada gestión municipal. Esos órganos son la Gerencia Municipal, el Órgano de Auditoría Interna, la Procuraduría Pública Municipal, la Oficina de Asesoría Jurídica y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. La anterior norma no establecía ninguna estructura orgánica, pero si facultaba a aprobar mediante Edicto el Reglamento de Organización Interior.

Aquí cabe formular una reflexión, por cuanto la Ley debió haber previsto la implementación progresiva de esa estructura orgánica municipal básica, teniendo en cuenta que la mayoría de las Municipalidades Distritales de las Provincias del país, no tienen los recursos económicos que si tienen las municipalidades de la capital, para contratar profesionales competentes para ocupar esas Gerencias. La falta de recursos, así como de personal idóneo, los imposibilita de cumplir con el ordenamiento municipal, así como de lograr una gestión de calidad.

III. LA GERENCIA MUNICIPAL

Hasta antes de la vigente Ley Orgánica de Municipalidades, al máximo órgano administrativo, responsable de dirigir todo el quehacer municipal se le denominaba Director Municipal. Este alto funcionario estaba encargado de programar, administrar, dirigir, ejecutar, coordinar y controlar el cumplimiento de las actividades de administración de la municipalidad.

Con el devenir de la modernidad, el legislador ha reemplazado la denominación de Director Municipal por el de Gerente Municipal, tal vez con la finalidad de relevar, no solo la importancia de la función que ejerce dicho funcionario, sino también dejar establecido que esa función tiene que ser tan eficiente y tan eficaz como una gerencia privada, porque se trata de la cosa pública, que pertenece a la colectividad en general. La Real Academia define al Gerente como la “persona que lleva la gestión administrativa de una empresa o institución”.

Para Rosales[8], gerente es todo aquel que tiene personal a su cargo, con la finalidad de obtener resultados concretos para su empresa, municipalidad o institución. Sostiene que la diferencia entre gerencia privada y gerencia pública tiene que ver más con los objetivos y metas institucionales específicas de cada entidad que con técnicas o estilos propios de los ámbitos público o privado.

Explica que en el pasado era común establecer que el gerente privado buscaba el excedente económico y, el público el beneficio social, lo que contrasta con el presente en el que se observa un acercamiento de objetivos y de medios de ambos tipos de gerencia. La empresa privada, de una simple búsqueda de la maximización del beneficio económico ha pasado a una creciente preocupación por la calidad del producto y el servicio al cliente. En la gerencia pública, antes se perseguía la extensión del servicio, en tanto que ahora también se valora la calidad, porque los consumidores no aceptan servicios públicos deficientes.

Los Gerentes Municipales se regulan por las leyes aplicables al empleo público como es la Ley Nº 28175, Ley Marco del Empleo Público, el Decreto Legislativo Nº 276, Ley de Bases de la Carrera Administrativa y Remuneraciones del Sector Público, y su Reglamento aprobado Decreto Supremo N° 005-90-PCM, en lo que corresponde a los funcionarios denominados de confianza. Esta última norma estipula qué no hacen carrera administrativa, pero si están sometidos a su legislación por desenvolverse en el campo de la administración pública. El siguiente cuadro precisa los artículos relativos a los funcionarios públicos:

La Ley Orgánica de Municipalidades no define las funciones o competencias a cargo de la Gerencia Municipal, pero si autoriza a aprobar tales facultades en los instrumentos de gestión. El Reglamento de Organización y Funciones – ROF, es uno de los instrumento que formaliza la estructura orgánica y las funciones de cada Municipalidad. Se aprueba mediante Ordenanza, como lo faculta el artículo 40° del citado dispositivo. Para tener una idea de las competencias que se pueden asignar a la Gerencia Municipal, precisamos algunas:

Para que la Gerencia Municipal tenga éxito en la función encomendada, es indispensable que cuente con un equipo de trabajo que tenga iniciativa, creatividad y capacidad en la toma de decisiones. Eso significa que la Gerencia debe otorgarle a ese equipo de confianza un margen importante de autonomía, con la certeza de que actuarán con rectitud y presteza en los asuntos de su competencia.

Adicionalmente a los equipos de confianza, la Gerencia Municipal también requiere de una estructura orgánica apropiada, que le permita contar con el apoyo administrativo que se encargue de los Sistemas de Personal, Logística, Presupuesto, Servicios Generales, entre otros, por lo que se sugiere que tengan una estructura como la que se detalla seguidamente:

Debo anotar que la Gerencia Municipal no sólo cuenta con funcionarios a cargo de los Órganos de Apoyo y Asesoramiento, sino también de los Órganos de Ejecución como son las diversas Gerencias de Transporte Urbano, Desarrollo Urbano, Educación y Cultural, Servicios Sociales, Seguridad Ciudadana, Desarrollo Empresarial, etc. Estas Gerencias se constituyen en función de las competencias que la Ley le asigna a las municipalidades, las cuales difieren entre provinciales y las distritales.

En la Ley Orgánica de Municipalidades se habla de “administración” ¿Pero qué debemos entender por administración? Desde que el hombre empezó a formar grupos, para alcanzar objetivos que no hubiese podido lograr individualmente, la administración ha sido esencial para garantizar la coordinación de los esfuerzos individuales. A medida que la sociedad ha cambiado al esfuerzo del grupo, y como muchos de ellos han crecido de manera organizada, el quehacer administrativo ha aumentado su importancia. Esto es fácil si recordamos que la tarea de cada administrador es establecer y conservar un ambiente en el cual las personas, trabajando en grupo, sean guiadas a lograr de manera eficiente y eficaz la obtención de objetivos colectivos.

Da Silva[9] dice que la administración es una actividad que se realiza en empresas de cualquier género, de todos los pueblos y de todos los tiempos y que los grandes líderes que registra la historia fueron administradores, pues dirigiendo los esfuerzos de otros hombres administraban países, coordinaban exploraciones, encabezan guerras, etc.

En ese sentido, puede afirmarse que los orígenes de algunos conceptos y prácticas modernas de la administración son atribuidos a civilizaciones muy antiguas. Para tener un enfoque de esos sucesos acaecidos, hay que recordar que en el siglo X a. C., Salomón dirigió la elaboración de acuerdos de comercio, administró programas para establecer normas constitucionales y modeló tratados de paz, lo cual nos hace suponer que se contaba con alguna forma o sistema para gobernar el pueblo.

Otros ejemplos lo encontramos en Sumeria, en donde algunos documentos escritos que se remontan a unos 5,000 años, se han convertido en pruebas de la forma en que se practicaba el control administrativo. Los sacerdotes de los templos sumerios, por medio de un inmenso sistema tributario, reunían y administraban grandes sumas de bienes y valores, inclusive rebaños, propiedades rurales y rentas que registraban en documentos. Las cuentas de su gestión eran presentadas al Sumo Sacerdote, lo que significaba la fiscalización de las labores administrativas.

En Egipto, la construcción de la pirámide de Kéops involucró el trabajo de más de 100 mil hombres durante 20 años y la  utilización de 2’300 mil bloques de granito con un peso promedio de 2.5 toneladas. Si se piensa en la planeación, la organización y el control para ello, cabe inferirse que los conceptos administrativos que utilizamos en tiempos modernos no tuvieron su origen en el siglo XX, sino que desde esas épocas remotas ya existía la necesidad de resolver problemas de transporte, alojamiento y administración.

La planeación administrativa necesaria para determinar de dónde se debían extraer las rocas, el volumen y el traslado, representan una práctica que en la actualidad  se denomina Planeamiento de largo plazo. Otro aspecto de esa cultura, muestra que ya conocían las prácticas y los principios de la administración,  pues detallaban las descripciones de los servicios o tareas, así como la autoridad y la responsabilidad.

Babilonia también ofrece muchos ejemplos de prácticas administrativas antiguas. Durante el gobierno de del rey Hammurabi, las ciudades fueron obligadas a unirse con el propósito de mantener la paz y de elaborar una legislación que regulara la propiedad personal, la rural, el comercio, los negocios, la familia y el trabajo. Esas leyes conocidas como el Código de Hammurabi, representan el pensamiento administrativo vigente durante el periodo del año 2000 al 1700 a. C.

En Grecia no sólo se desarrollo un gobierno democrático, con las complejidades que ese sistema implica, sino que también se encuentra el origen del método científico. Al explorar y analizar todo género de conocimientos e ideas, descubrieron los beneficios de la investigación e introdujeron la ciencia y la erudición en muchos campos de la actividad humana.

Los Griegos reconocieron muy pronto el principio de que “la producción máxima se obtiene si se utilizan métodos uniformes, con un ritmo estipulado y algo más”. Una de las primeras descripciones del principio de la universalidad de la administración se encuentra en un discurso socrático, en el siglo V a. C. Sócrates analizó los deberes de un buen hombre de negocios y de un buen general y demostró que, en realidad, son idénticos en lo que se refiere a aprovechar a los subordinados diligentes y obedientes, sancionar a los malos y premiar a los buenos, atraer aliados y auxiliares y cuidarlos bien para que ambos sean esforzados, tenaces e industriosos.

Otra enseñanza se tiene cuando Platón estableció en sus leyes que ningún hombre debería trabajar la madera y el hierro al mismo tiempo, porque de esa forma nunca alcanzaría un nivel de excelencia en una cosa ni en otra. Aquello fue considerado como la primera teoría de la especialización o de la división del trabajo.

En China existen los antiguos documentos de Chow y de Mencius que indican que esa cultura ya aplicaba ciertos principios referentes a la planeación, la organización, la dirección y el control. La constitución de Chow, escrita alrededor del año 1100 a. C, es un catálogo de todos los servidores civiles del Emperador, desde el primer ministro hasta los integrantes del servicio doméstico. Esa reglamentación también describía los poderes del primer ministro, así como sus atribuciones y responsabilidades.

Alrededor del año 500 a. C, Mencius señaló que quien se dedique a un negocio en el mundo, requería de un sistema eficaz basado en una metodología racional y modelos administrativos, porque un negocio que triunfa sin tener un sistema es algo que no existe, además de que los ministros y los generales, hasta las centenas de los artesanos, todo poseían un sistema.

En Roma, fueron capaces de edificar una estructura de gobierno y militar de grandes proporciones, que controlaba a 50 millones de personas, haciéndola funcionar con éxitos durante largo tiempo, lo que es un atributo a  sus avanzadas y considerables capacidades y aptitudes administrativas. La ciencia administrativa aprendió mucho de los éxitos y errores de Roma en el campo de la organización, que fue la primera experiencia mundial de organizar un imperio verdaderamente grande.

¿Quién puede ser considerado administrador? Reyes[10] explica que es indiscutible que quien realiza por sí mismo una función no merece ser llamado administrador, pero desde, el momento en que delega en otros determinadas funciones, dirigiendo y coordinando lo que los demás realizan, comienza a recibir el nombre de administrador.

Sostiene que la experiencia nos enseña que el hombre se agrupa en sociedad, principalmente por su insuficiencia para lograr todos sus fines por sí solo. La sociedad, esto es, la unión moral de hombres que en forma sistemática coordinan sus medios para lograr  un bien común, viene a ser el objeto en donde recae la Administración. Agrega que el buen administrador no lo es por ser buen contador, buen ingeniero, buen abogado, buen economista, sino por cualidades y técnicas que posee de manera específica para coordinar todos esos elementos en la forma más eficiente. Expresa que la coordinación es considerada como la esencia misma de la Administración por la mayoría de los autores más importantes.

También señala que otro término usado como equivalente de Administración, es el de dirección, pero éste viene a ser uno de los elementos de la coordinación. Un término equivalente es el de “manejo”, poco usado en español, pero que en realidad es la traducción directa de la palabra “management”.  Define a la Administración como: “El conjunto sistemático de reglas para lograr la máxima eficiencia en las formas de coordinar un organismo social”.  En cuanto a la Administración de Empresas, la define como: “La técnica que busca lograr resultados de máxima eficiencia en la coordinación de las cosas y las personas que integran una empresa”.   

Para Da Silva[11]administración viene a ser “El conjunto de actividades dirigido a aprovechar los recursos de manera eficiente y eficaz con el propósito de alcanzar uno o varios objetivos o metas de la organización”. De la definición, considera que merece especial atención tres elementos; en primer lugar, el trabajo del administrador involucra actividades, es decir, además de pensar, también debe oír, hablar, leer, escribir, observar y participar, lo que supone que sus actividades implican mucha acción.

En segundo, la administración exige el uso eficiente y eficaz de los recursos, los cuales pueden ser materiales o físicos, financieros, informáticos y humanos. En tercero, la definición, de la disciplina considera la importancia de las metas organizacionales. Esas metas, que deben ser desarrolladas por diversos niveles y áreas de la organización, se convierten en uno de los puntos más importantes del trabajado del administrador.

Añade que en la administración hay niveles, a pesar de que todos los administradores realizan el mismo conjunto de funciones, son clasificados en distintos estratos de la organización. En términos generales, los encontramos en tres niveles diferentes: la cúspide, estratos intermedios y el área de operaciones, que son denominados:

  • Administración de nivel alto.- La alta dirección o administración es responsable del curso general y de las operaciones de la organización. Además es la encargada de elaborar las políticas y estrategias, así como de establecer las metas de toda la organización. Establece los objetivos y los transmite a los niveles jerárquicos inferiores y a los estratos operativos de la organización
  • Administración de nivel medio.- Esta capa intermedia es conocida en muchas empresas como Gerencia de Departamento o Gerencia de Sector. Son los que planean, organizan, dirigen y controlan otras actividades gerenciales. En este nivel se determinan cuáles serán los productos o servicios que se ofrecerán y que estrategias generales y políticas serán convertidas  en objetivos/metas de las actividades de la administración del nivel operativo.
  • Administración Operativa.- Es la encargada, directamente, de producir los bienes o servicios. Está constituida por gerentes de ventas, jefes de sección o supervisores de producción. Este nivel es el nexo entre las áreas de producción o las operaciones de cada departamento y el resto de la organización.

Rodríguez[12] refiere que nadie puede administrar sin tener una filosofía de la administración, sea implícita o explícita. Considera que una persona no es capaz de administrar, sin tener algunos conceptos básicos a los cuales pueda hacerse referencia y utilizarse. De otro modo, un Jefe no puede operar en el vacío, porque hay un sistema de pensamiento que prevalece en los esfuerzos administrativos de una persona.

Añade que se requiere que un Gerente piense, analice, tome decisiones y emprenda acciones. Como resultado, el Gerente forma un patrón de criterios, medidas, pruebas, usando los criterios que revelan los verdaderos motivos, los objetivos reales que se buscan, las relaciones psicológicas y sociales que se consideran adecuadas y la atmosfera económica general que se prefiere. Todo eso viene a ser una filosofía administrativa.

Franklin define a la filosofía administrativa como: “Una combinación de las actitudes, convicciones y conceptos de un individuo o de un grupo respecto a la administración”. Para E.F. Lundgren: “Es una guía general que determina la forma en que ha de gobernarse una empresa y que afecta a cada una de las facetas de su funcionamiento”. 

Acota que ignorar la filosofía administrativa es negar que el carácter, las emociones y los valores que están relacionados con las ideas del Gerente, que los procesos tanto físicos como mentales de una persona contribuyen en el comportamiento administrativo. Recuerda que existen tres ventajas para un Gerente que tenga y utilice una filosofía administrativa:

a) Ayuda a ganar un apoyo efectivo y partidario.- La gente sabe cuál es la condición del administrador y que acciones generales puede emprender. Saben por qué el Gerente actúa en cierta forma y tienen confianza en lo que está haciendo.

b) Proporciona directrices y el cimiento para el pensamiento administrativo.-Cuando las condiciones científicas y sociales están cambiando con rapidez, es evidente la importancia de un cuerpo de conocimientos básicos y de convicciones que constituyen una filosofía. Los nuevos retos administrativos, para los cuales no hay soluciones a la medida, deberán ser enfrentados. Aquí es útil la filosofía de la administración.

c) Proporciona un marco de referencia en el cual el gerente puede comenzar a pensar.- Normalmente esto no sólo orientará, sino que también estimulará el proceso pensante para soluciones efectivas y satisfactorias.

Un cambio de importancia en la filosofía administrativa, ha sido el cambio de un énfasis primario sobre el entrenamiento y desarrollo del empleado individual hacia el desarrollo de toda la cultura de la organización y para proporcionar las herramientas necesarias para la efectividad humana, dentro de la sólida cultura organizacional creada.

Antes el propósito del desarrollo humano era lograr armonía, mediante el desarrollo de buenos sentimientos mutuos. Ahora, está fuertemente meditado el uso y la relación de los conflictos entre los empleados, para aumentar la solución de problemas.

¿Porque administrar? Los técnicos dicen que el administrar es esencial para toda cooperación organizada, así como en cualquier nivel de la organización y que esa función no es exclusiva de la dirección superior, también corresponde a los responsables de funciones operacionales, hasta llegar al último trabajador. En tanto que las deficiencias y problemas pueden aparecer en cualquier nivel jerárquico, la administración efectiva y perceptiva exige que todos aquellos responsables del trabajo de otros, en todos los niveles y en cualquier tipo de organización, se consideren así mismo como administradores. De esa forma, no hay diferencia fundamental entre Gerentes, ejecutivos, administradores o supervisores.

¿Cuál es el objetivo del administrador? El objetivo básico de todo administrador es lograr resultados positivos en su gestión. Su función es establecer ambientes, para que los esfuerzo del grupo permitan que los individuos contribuyan al logro de los objetivos, con la mínima cantidad de insumos como: dinero, tiempo, esfuerzo y materiales. El sólo describir la función, será el objetivo de los administradores. Sucede lo mismo en cualquier nivel, el gerente de una empresa comercial, el Alcalde, el Gerente Municipal, el director de un hospital, el rector de una universidad, todos como administradores tienen el mismo objetivo. Los propósitos de su empresa, o de su dirección, o su departamento pueden variar, pero su objetivo sigue siendo el mismo.

(*)  SANTIAGO GRAU LEON, abogado, con estudios de Doctorado en Derecho y Maestría en Gestión Municipal y Desarrollo Local. Actual Asesor Legal de la Subgerencia de Medio Ambiente de la Municipalidad Metropolitana de Lima.


[1]     Ministerio de Justicia (2005) Colección Constitucional Peruana, Tomo I, Primera Edición Oficial, Editora Perú, pág. 48.

[2]     Ob. cit. pág. 118.

[3]     Ob. cit. pág. 220.

[4]     Ob. cit. pág. 352.

[5]     Castro-Pozo, Díaz, Hildebrando (2005) La Constitución Comentada artículo por artículo, Tomo II, Gaceta Jurídica, pág. 998-999.

[6]     Grau, Santiago (2009) La Gestión Pública Local, Actualidad Gubernamental, Revista de Gobierno & Cooperación Internacional, Año II, N° 10 pág. XIV-5 – XIV-8.

[7]     Normas Legales, Diario Oficial El Peruano de fecha 26-05-2003.

[8]     Rosales, Mario (1999) Gerencia Pública, Liderazgo y Administración Municipal, ESAN, Proyecto de Desarrollo de Gobiernos Locales, pág. 402-406.

[9]       Da Silva Reinaldo (2002) Teorías de la Administración, CENGAGE LEARNIG Editores, México, pág. 86-93.

[10]    Reyes Ponce, Agustín (2004) Administración Moderna, Limusa Noriega Editores, México, pág.6-10.

[11]    Da Silva, ob. cit. pág. 6-10.

[12]    Rodríguez Valencia, Joaquín (2003) Introducción a la Administración con Enfoque de Sistemas, International Thomson Editores S.A., México, pág.